Los cenotes de la Riviera Maya en donde aprendí a nadar

Recuerdo mi primera vez en un cenote: aferrado a una llanta cerca de la orilla y apenas quise moverme por miedo ahogarme. Claro que mis amigos no sabían de mis pocas habilidades para flotar, así que mientras ellos se divertían en grande, yo me la pase rogando para que esa llanta no se desinflará.

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Así pasaron los años hasta que poco a poco aprendí a cómo nadar  visitando varios cenotes en la Riviera Maya y Yucatán. Tal vez se pregunten por qué no me inscribí en alguna escuela como todos, fue simplemente por pena pero no me arrepiento, ya que eso me llevó a descubrir todo esto que les voy a mostrar.

Cenote Dos Ojos

Este es un impresionante sistemas de cuevas en donde aprendí a sumergirme y a disfrutar de la vista submarina. Sus cristalinas aguas son parte de su belleza, ya que realmente es como si flotarás en el aire. Su costo es algo elevado: $200.00MXN, sin embargo, vale cada peso y esto te incluye la entrada así como el chaleco salvavidas y aletas.

Cenote Cristalino

Este fue el primer cenote en donde dije: “Me la voy a rifar y me quitare el chaleco”.  Sus aguas esconden varias cuevas submarinas en las que snorkelear es una aventura, obvio yo aún no me atrevo. En medio de las raices del mangle puedes encontrar peces gatos y peces guppi, que si te quedas quieto pueden darte una agradable sesion de fish therapy. El costo de entrada es de $80.00 MXN además de que puedes rentar equipo de snorkel, aletas y chaleco.

Casa Cenote o Cenote Manatí

¡Este es el más intenso! Son 250 metros de aguas cristalinas, que llegan a tener una profundidad de hasta 10 metros y está conectado con el mar por medio de varias cuevas submarinas. El costo de entrada es de $70.00 pesos, tienen renta de chalecos, snorkel, kayaks y clases de buceo para disfrutar de toda la naturaleza del lugar.

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Aquí aprendí que unos tapones de oídos hacen la diferencia al momento de sumergirse y que si no sueltas el aíre tan pronto puedes llegar a recorrer mucha más distancia cuando estás en el fondo, ¡Gracias Christian!

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Claro que aprender nadar no es algo que tome poco tiempo, ya que también lo practiqué  en los cenotes de Yucatán y la laguna de Bacalar, en donde por cierto casí me ahogo por hacerle al valiente y  no decir que no sabía nadar. ¡Que tiempos! pero valió la pena cada zambullida.

Morritos, yo despido y  recuerden ¡Sean felices y viajen mucho!

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