Celestún, Yucatán: las dos caras de un mismo viaje

Siempre dije que llegaría el día en que un viaje me dejara con sentimientos encontrados y Celestún fue ese viaje. Tal vez piensen que es extraño que un viaje te haga sentir de esta manera pero créanme, yo mismo me sorprendí.

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Justo empezaba el tour para conocer la ría, cuando la imagen del bello pueblo de Celestún comenzó a tornarse deprimente, y es que nuestra primera parada nos llevó a un descanso de aves en el cual había una gran cantidad de basura, yo sentí vergüenza, habían botellas de plástico, envolturas, redes viejas hasta bolsas.

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Una de las visitantes atinó a preguntar: ” ¿Y toda esa basura es traída por las aves?”, a lo que nuestro capitán respondió: “Es que tenemos el basurero justo a un lado  “,  mi quijada literalmente toco el piso, ya que no di credito. ¿Cómo es posible que aún estando cerca de la reserva, la gente siga sin preocuparse por el problema de la basura? Y lo peor es que sigan contaminando este lugar.

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Después de esta primera mala impresión, todo comenzó a tener un lado más agradable. Nos alejamos lo bastante para perdernos entre la ría de Celestún rumbo a la Biosfera. Poder ver el Golfo de México unirse a esta gran mancha de selva por varios kilómetros hizo que mi estado de ánimo mejorara.

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A mitad de camino, nos encontramos con otra lancha; ¡Malas noticias! No había flamencos. Obviamente todos en el bote hicimos la misma pregunta: ¿ahora qué? Sin importar esta situación continuamos nuestro camino para encontrarnos con una pequeña isla habitada por garzas blancas y grises, cormoranes y gaviotas.

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Después de recorrer la ría, llegó el momento de adentrarnos en el mangle. El paisaje era compuesto por tonos cafés, un verde pálido y el gris de las raíces, que forman el hogar de cangrejos ermitaños, garzas blancas y una especie de ave de color naranja, que no reconocí pero que curiosamente nos acompañó por un tiempo mientras posaba para las cámaras.

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Sentía un poco de frustración, ya que mi intención era poder observar flamencos, sin embargo, pronto la olvidé. El Ojo de agua Baldiosera dentro de la Reserva de la Biosfera de Celestún es un oasis de aguas cristalinas justo en medio del mangle y árboles de gran altura, en pocas palabras un sitio idílico para quienes aman nadar, osea yo.

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Habían pasado ya 3 horas desde que salimos del puerto y era momento de regresar, así que subimos a la lancha y nos dirijimos hacia el pueblo de Celestún. Yo creía que este viaje iba a ser como todos los demás, que me hacen llegar al hotel con una sonrisa y desborbando emoción.

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Sin embargo crucé la puerta con muchos sentimientos encontrados.  No quiero que piensen que es una mala idea visitar Celestún, al contrario, hagánlo y caminen por su placita, coman un rico pescado empanizado, tomen muchas fotos y como buenos viajeros pongamos, por qué me incluyo, nuestro granito de arena para conservarlo.

Ya que si bien no vivimos allí, cada uno de nosotros adoptamos por un pequeño lapso tiempo el lugar que pisamos, convirtiéndolo en nuestro hogar.

Hasta luego viajeros.

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